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marea que viene y va

Escrito por psicoanalistas 01-11-2016 en amor. Comentarios (0)

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Está a veinte metros de distancia. Aún recuerdo aquel pelo laceo que solía acariciar. Ya no somos los mismos y tampoco queremos volver a ser lo que un día fuimos.


 Espero que no se de cuenta que estoy aquí.  No quiero que note mi presencia. Me gusta contemplarla, en silencio, a lo lejos. Me gusta pensar que a veces me piensa. Aunque solo sean ínfimos los pensamientos que le puedan llegar a recorrer. No importa, sueño con que se acuerde de mi. Intento esconderme tras mi amigo. Mis mejillas se tornan de rojo. ¿Por qué me está pasando esto a mi? Creía que lo había superado. Supongo que serán los nervios del momento. Voy a intentar tranquilizarme. La vuelvo a mirar. ¡Qué guapa está! Le queda increíble ese despampanante vestido. Tengo que ser fuerte: no puedo erizarme de nuevo. 


Mi cabeza está siendo en este momento una noria, está dando vueltas y vueltas sin cesar. Mi corazón late a un ritmo incalculable y estoy empezando a transpirar. Durante unos segundos, me quedo observándola detenidamente. No lo puedo remediar.  Me encuentro en un mundo paralelo, estamos únicamente ella y yo. Lo triste de todo esto es que soy invisible para ella. Sin darme demasiada cuenta, mi mundo paralelo, tan tremendamente utópico e irreal, se torna de negro.  Mi sueño no podía ser eterno. Comienzo a entrar en razón, ella no está conmigo. Ella es feliz, feliz sin mi. Y sí, un hombre le está recorriendo la cintura y le regala un beso.  De repente, empieza a llover, estoy notando mis lágrimas caer como clavos ardiendo. No es lo que formo un simple charco, es un mar de emociones disfrazadas de la pura y enferma realidad.


Para ti, dondequiera que estés

Escrito por psicoanalistas 11-10-2016 en Dolor. Comentarios (0)

Hoy me sentía vacía, mi alma oscilaba por el borde que sobrepasaba la cordura otra vez. 

Hoy era de noche. Era de noche a las 7 de la mañana cuando los pajarillos de la aurora canturreaban tan alegremente como de costumbre. Era de noche aunque el sol brillase en lo más alto del cielo. Era de noche también aunque la llama incandescente me abrumara al atardecer. Era de noche al anochecer, al perderme entre la oscuridad, más densa aún todavía cuando el sol había desaparecido de mi vista por completo. 

Hoy me paré a pensar, como de costumbre, en la rareza del mundo que nos rodea, y cuando fui a afirmar que mis objetos personales seguían intactos en su perfecto orden me extrañé de que todo estaba desordenado. 

No tardaría mucho en darme cuenta de que un huracán habían vuelto a descolocar mis cosas sin previo aviso.

Pero en esta noche tan larga hace frío, y a veces necesitas una llama que te proteja del frio pero ya no encuentras  en el lugar en el que yaces, y a veces viene un vendaval a causar destrozos. 

Este viento que se colaba por las grietas de mi edificio tenía un terrible origen, ya que provenía de aquellas cosas en las que nunca me había acomodado, de las cosas que con tanta ternura había intentado evadir cuando mis pertenencias estaban en perfecto orden. 

Necesitaba a mi llama, necesitaba ver en la oscuridad.

Pero había dicho adiós. Y esta vez no fue el viento quien vino a cambiar mis pertenencias de lugar, no fue un terremoto quien abrió las ventanas. Porque aquél viento no sólo me robó las pertenencias, sino que me arrebató a mi llama sin piedad alguna.

Y en esta noche no estrellada, o puede que este día, aquí dentro ya perdí la noción del tiempo, un edificio se derrumba poco a poco, se humedece desde sus raíces y pronto llegará a su fin. Porque cada noche unas lágrimas inundan cada vez más su edificio. Y el agua ya se va colando por las ventanas, las que yacen abiertas con la esperanza de que vuelva a aparecer aquella llama que vuelva a alumbrar las pocas cosas que mantengo de la manera de la que siempre me ha gustado que yazcan.

(Pd: sigo con la esperanza puesta en que algún día, tal vez te apetezca recordar los lunares que esconde mi piel. Me moriré de ganas de besarte el alma.)

Manifiesto delirista

¿Humanos de un lugar llamado mundo? ¿Humanidad?

Escrito por psicoanalistas 10-10-2016 en gente. Comentarios (0)


Marionetas

Escrito por psicoanalistas 10-10-2016 en Inquietudes. Comentarios (0)

Me hallaba tumbada, disfrutando del silencio y la soledad cuando de repente empezaron a apoderarse de mi pensamientos tan inertes como la vida misma.

Quizás tú no lo entiendas, o no lo quieras entender, pero sin embargo si quisieras reflexionar llegarías a la misma conclusión que llego yo a cada momento.

Y es que somos marionetas del destino, dueños de nuestro propio abismo, el que se apodera irremediablemente de nuestra libertad. Libertad. No creo que esto pueda recibir dicho nombre, pues cada marioneta es una más y tan sólo eso.

Nos reducimos a un trozo de tela indiferente del compañero de la izquierda, o del de atrás. Nos encontramos amarrados a unos hilos tan finos, tan aparentemente frágiles, tan cruelmente invisibles que se convierten en indestructibles, o así lo creemos. 

Quizás también estemos programados para pensar eso, para no intentar arrancar nuestras raíces, como si de un barco anclado en lo más profundo del océano se tratase, en tal inmensidad, en tal penumbra que nunca se haya intentado ni tan siquiera desenterrar.

Me gustaría poder despertar de esta pesadilla que perturba día a día mi subconsciente. Pero, ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo despertar cuando ya tienes los ojos abiertos? 

Este es tan sólo otro gran misterio indescifrable de la vida misma que está predestinado a no encontrar jamás su respuesta, tan constantemente buscada por miles de marionetas que al igual que yo intentan una y otra vez evadirse de su destino fallidamente, obteniendo como resultado una tensión mayor prococada por sus movimientos desesperados y en vano de huir de los hilos que las mantienen presas.

Cajones

Escrito por psicoanalistas 10-10-2016 en amor. Comentarios (0)

¡Tú! Sí, tú, el que está leyendo esto... ¿por qué lo haces? ¿Tienes inquietudes? ¿Problemas tal vez? ¿Sentimientos escondidos en un cajón? Abre el cajón si puedes. 

Has de saber que en ese cajón puede haber mierda, especias, cosas bonitas tal vez... Todo lo que puedas sentir e imaginar y hasta a veces palpar, está en tu cajón.

 
No pienses que puede poseer únicamente cosas bonitas. En el transcurso de tu vida, personas intentarán meterte mierda. Algunos, meterán ruecas para que te pinches. Querrán que sangres. Eres tú el único ser capaz de sanar las heridas. Otros te pondrán trampas. ¿Para qué? Simplemente por hacerte sufrir, provocarte un mal irrefutable a costa de sus supuestos estados de felicidad. No lo consientas o, al menos, intenta no consentirlo. También colocarán máscaras, disfraces. Esas personas que aparecen en tu vida fingiendo  ser maniquíes: perfectos a simple vista. No te equivoques, la perfección no existe. Parte del cajón se compone de esta mierda que te he indicado. Intenta limpiarla de vez en cuando. El resto de polvo debe ser apartado y cuando sea necesario, aniquilado. 
En este cajón, también existen especias. Las personas esenciales en ti, compondrán estos ingredientes. Pondrán sal en tu vida, es decir, te aportarán felicidad y alegría. Otros, insertarán azúcar. Es cierto que una pizca de dulce nunca viene mal para el día a día. También hay personas que te meten picante. Ten cuidado con este ingrediente y administralo debidamente.

A veces, el tipo de personas que te aportan especias también te regalan cosas bonitas. Adoro estos regalos. Aquellas personas que te regalan su tiempo, que te quieren y apoyan... no las pierdas. Es impensable el amor que en ti evocan. Son parte de ti. 

Y, ahora, recapacita: ¿tienes algo que cambiar en tu cajón interior?